Apostles 2010 II

Número 6

SEXTO PRÓLOGO EN DISENSO

Me permito esta breve intervención para agradecer a aquellos que se aventuran a leer esta revista por primera vez, así como a los fieles habitués de este espacio que, ya en su tercer año, cada verano e invierno les ofrece este obsequio de palabras, fruto de la bruma y el afán. No es poca cosa que por una sexta vez franqueemos esta puerta, dejemos las armas y la crítica en el zaguán y nos sentemos juntos a beber de la misma fuente.

El planeta se inclina una vez más hacia otro solsticio –y yo añadiría sin aprensión “como es de esperarse por esta época” si no me fuese tan fácil imaginar que nuestra maltratada orbe aceptaría con gusto, si se le ofreciera, la oportunidad de dejar de girar más días de estos que torturan nuestro Golfo de México, arrasan comunidades enteras con deslizamientos de lodo y piedra, asfixian a las ciudades en sus propias ventosidades, y se llevan lagartijas, moluscos y peces a la extinción.

Por suerte las tormentas no sólo inundan y avasallan; también traen gotas de lluvia que “refrescan y crean vida en cualquier tierra”. En todo “periplo en la frontera” llega un momento de certeza que apunta a una distancia salvada; en la raigambre podrida de un cedro milenario se alojan organismos que prometen vida a un bosque entero; en toda profunda sima nace una cumbre correspondiente.

Abramos, pues, los brazos y dejemos que se quede suspendido nuestro aliento en las planicies reconfortantes de voces conocidas como las de Pablo Salinas, Alejandro Saravia y Rodrigo Sandoval, y frente a las cumbres majestuosas de las voces de Esther roker, Gina Beltrán y Antonio Aragón, que visitan nuestra revista por primera vez. Y de otros tantos más que descubrirán en las páginas que siguen.

Que el humus rico y fragante de estas letras nutra sus raíces. Que los “sweet wounded animals” de las lenguas encuentren un bálsamo tranquilo. Y que, al leer estos textos, nos sepamos “ciudadanos de la patria interior, cultivando los terrenos de las inmediaciones” para ver el dentro con ojos de afuera y sentir el fuera corazón adentro en este espacio común que venimos a habitar desde distintas esquinas del continente, después de haber cruzado divisorias continentales, retorcidas fronteras y, por primera vez en este número, el océano Atlántico.

Esperamos que así sea. Hasta el número siete.

María José roker (Maria Salix)
Verano de 2010

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